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14 de diciembre de 2010

ACADEMIA DE CIENCIAS MÉDICAS - DR. RICARDO FRANCO- UNA MIRADA A LA HISTORIA DE BILBAO -(2)- EL DESARROLLO







Continué el contacto con Ricardo Franco, para que siguiese hablando del cometido y la historia de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, organización a la que el pertenece, y así prosiguió:

Entre los años 20 y 30, los fundadores de la Academia son sustituidos por una nueva generación formada en el Internado del Hospital de Basurto (Colegio Mayor Universitario de Especialidades Médicas “Gregorio de la Revilla”), que buscó en los hospitales franceses y alemanes una ampliación a su formación. Estos jóvenes facultativos llenaron la vida médica bilbaína y dieron a Gaceta Médica del Norte y a la Academia un nuevo dinamismo, impulsando el deseo de tener una Facultad de Medicina dentro de una Universidad Vasca.
El sueño del Dr. Areilza, que en un mitin celebrado en el Teatro Arriaga dijo: La fundación de la Universidad Vasca es ya una exigencia obligada a la que tiene derecho nuestro pueblo. Apoyándose en una legislación que facultaba el carácter de Hospitales Clínicos Docentes a los Hospitales Generales de las ciudades universitarias, Areilza consiguió para el Hospital de Basurto este papel, a pesar de que Bilbao por aquel entonces no tenía universidad.
Por aquella época, la Gaceta Médica del Norte, se llamaba Revista Clínica de Bilbao por el deseo de sus nuevos redactores de airear el nombre de la villa entre los médicos de España y del resto del mundo.
La década de los felices años XX generó una crónica de acontecimientos médicos muy variopinta: la aparición del libro “Vidas que no merecen vivirse” reaviva el controvertido concepto de la eutanasia.
Con motivo de la Guerra Civil de 1936 la Academia interrumpe sus actividades y se suspende la publicación de la Revista Clínica de Bilbao. Muchos académicos son movilizados por ambos ejércitos combatientes y algunos se vieron abocados a la prisión o al destierro.
Tras la contienda el panorama de la medicina en nuestro país era desolador. Se carecían de medios de diagnóstico y tratamiento. La vida de la Academia se reanudó con dificultades y hasta 1944, la revista, que reapareció con su primitivo nombre Gaceta Médica del Norte, no pudo ser editada.

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